lunes, 17 de marzo de 2014

Guerras

Una noche de guerra. Todos están al borde de la derrota y nadie se rinde, el panorama no alienta a ningún guerrero y parece que vienen más enemigos desde lejos trayendo consigo el anuncio de una muerte violenta y devastadora. Sin embargo, en este desierto sangriento, se prepara el mejor de los tiempos, el instante de la victoria.

Un respiro para aquél que no ha dejado de luchar, y una pausa para quien a querido dejarse caer en el abismo incomprendido de la muerte. La fatalidad ronda la mente de aquellos que al ver sangre no hacen esfuerzos para continuar. Los momentos de incertidumbre en la guerra son innumerables y a la hora de dormir, la derrota se va a la cama con los adversarios. Con cada uno de ellos. Porque ninguno sabe el resultado final. Sin embargo, uno vencerá y uno perderá; si los dos ganan, no hay victoria; y si los dos pierden, no hay derrota. 

La tierra exige algo que es difícil de comprender, a veces, doloroso. En otras, demasiado, pero las más grandes batallas se han librado en las mentes más problemáticas y caóticas. Fuentes de renovación y fuerza, de futuro y virilidad. Los momentos básicos son los pilares de cada vida, y cada participante sabe cuáles son. Éstos sostienen la vida de guerreros, fundan las vidas más atrevidas

Momento de romper con las líneas adversarias, en la guerra se encuentra la purificación y la renovación para el siguiente momento. La derrota otorga lecciones para los demasiado inteligentes, pero la victoria es la motivación para el vencedor. Tiempo de vencer, tiempo de ganar y forjar las nuevas formas que harán del futuro el lugar que el guerrero busca crear.